“… cuando de repente a las 23:58 horas, las campanas de la torre empiezan a sonar lo que parecía los cuartos, el chico de la orquesta se para en seco, hay gente que comienza a comerse alguna uva que otra, pero no, no eran las campanadas.” nos sigue contando la señora. “Unos dicen que se trata de una broma, otros que es una prueba y que a las 00:00h volverían a sonar. El cantante de la orquesta atónito mira al balcón del ayuntamiento para que alguien le diera instrucciones, así que todo el mundo mirando hacia el balcón, para ver si la Concejala de Fiestas que ostentaba su cargo desde él, se tomaba las uvas, pero nadie nacía nada y el tiempo pasaba.” La señora sigue narrando la situación, indica que la gente se quedó esperando hasta que el reloj de la iglesia marcara las 12 de la noche. “…y por fin el reloj marca las 24:00, pero nada, solo silencio, !no suenan las campanas!, el cantante de la orquesta no sabe lo que hacer [...] y finalmente toma la iniciativa para anunciar que hará una cuenta atrás para que todos los allí concentrados pudiéramos tomarnos las uvas. Efectivamente comienza la cuenta atrás, 12, 11, 10….!FELIZ 2.006! Desde aquí me uno a la indignación de nuestra amiga porque realmente errores así desilusionan a la gente y dejan en evidencia lo cutre que puede llegar a ser “un pueblo grande” que es lo que somos y no una ciudad de las más grandes de la Comunidad Valenciana.
Nuestra amiga termina su relato pidiendo que para el 2006 “se acaben las políticas superficiales y miremos hacia lo que realmente importa, para todos, claro está.”
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Casi todo el mundo comienza el año con buen pie
Con este título se presenta la opinión vertida por Manuela Marqués Crespo en el periódico local de mi cuidad “El Raspeig”. En su artículo nos indica que la perjudicada de comenzar el año mal es la concejala de fiestas del ayuntamiento. Dicha escritora critica el derroche que el Partido Popular ha realizado renovando la iglesia incluyendo un arreglo de las campanas que viajaron a Alemania, con lo cual suponíamos todos que teníamos unas campanas que deberían sonar perfectamente… hasta que llegó la hora de las camapanadas de nochevieja…
“Eran las 23:45 horas y terminamos de cenar” continua la señora Manuela contándonos. Ella y su familia se dirigieron a la plaza del ayuntamiento donde se llevaron una grata sorpresa al encontrar la plaza llena de gente de todas las edades llenas de ilusión. También dice que había un grupo de música amenizando la espera y que el cantante pedía que le avisaran cuando quedara un minuto para la hora señalada.
